lunes, 15 de junio de 2009

Herir

El dicho: no hiere quien quiere sino quien puede.

Hasta aquí lo que dice la memoria..., popular..., y no.

Ahora veamos lo que es en su relación exacta con la palabra.

No..., no hiere nunca el saber..., pues por saber cura. Hiere sólo la ignorancia..., y siempre..., por no saber más. Pero sólo alcanza al que puede..., a otra ignorancia..., al que quiere..., jamás..., porque no puede.

Y así al que no les guste ser herido..., que no hiera.

¿Por qué se toma o puede tomar por herir a lo que pueda hacer un autor...?

Porque nada duele más a la ignorancia que tener que aprender..., que tener que asumir que ante lo que delante nada de lo que tenía por cierto era verdad..., y duele..., duele más con la edad...

La culpa no es del autor..., pues éste no hace más que darte en línea lo que no te pudo nunca dar nadie.

Y es por esto que se sabe enseguida si se está ante un autor..., y su grado..., cuanto más distinto te suene..., menos común puede ser.

No es por otra cosa que me gusta el comentario tras una segunda lectura..., la primera..., suele sentirse en el vientre... Pues la lectura de sólo memoria ha hecho del lector un lugar común..., y tan común que..., que..., y que..., cuando se aparta un milímetro de ella..., se espanta.

No por otra cosa la ignoracia se refugia..., cobija en el lugar común.

La autoría exigió estar expuesto desde su mismo nacimiento..., y no se negó jamás una gran lectura.

Esto hace que las distancias sean muy otras..., y la educación..., muy distinta. Y así es de muy mala educación decir y repetir cuatro bobadas..., de una educación pésima.

Y es de excelente educación verter en otro lo que otro no tuvo oportunidad de leer..., ver..., u oír..., sea porque no tuvo motivación o acceso..., o porque hasta la llega de ese autor..., sencillamente no se dio.


De Gonzalo.

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